Si hay algo que sorprende gratamente en los viajes por el
interior del país, es la atención que los dueños de casa dispensan a sus
jardines. Ya en nuestro recorrido
por Ruta 1, y luego por las calles de
Valdense, Nueva Helvecia y Tarariras pudimos apreciar la prolijidad, el
interesante diseño y la variedad y estado de especies
que se incluyen.
Es que tierra adentro la horticultura ornamental es algo que forma parte
de la vida diaria, y esas “jardineras”, como orgullosamente se
definen
esas descendientes de inmigrantes, ponen todo de sí para lograr
excelentes resultados.

Pequeños o grandes espacios, todo se resuelve con el trabajo y el
empeño que ponen en atender cada rincón de los mismos, multiplicar las
especies seleccionadas,
preparar los mejores canteros, y decorar patios
e interiores con destacados ejemplares en macetas. Jardines sin rejas,
para que todos los puedan admirar,
la calurosa bienvenida de siempre, el
orgullo con que muestran sus logros, los secretos de su arte disponibles
para quien desee conocerlos, la preocupación por la
lectura...

Nuestra
campaña, hermosa como siempre, y más aún en la primavera, cuando cada
pastito y “yuyito” en flor nos sorprende e inevitablemente nos
preguntamos
si tal vez no tendría un lugar en nuestro jardín. Canto de
pájaros, trabajo incesante de picaflores, abejas por miles en las flores
de la pitanga, las magníficas
flores del palo de fierro como muestra del
valor ornamental de nuestra flora indígena.
El contraste entre las plantas acuáticas y
las crasas y cactáceas, cada rincón tiene reservada una sorpresa.

La huerta
incorporada al jardín, los cientos de rosales despertando del letargo
invernal. La topiaria como un arte. El acierto en la elección de
especies para
maceteros. Los
canteros con hermosísimas herbáceas. Y la costa, tan maravillosa como
siempre. Difícil olvidarse de todo lo vivido,
imposible no volver...


Costa del Río de La Plata
Arroyo Artilleros
Balneario Santa Ana
Agradecimientos:
A nuestras
anfitrionas, Elsa Greissing, Susana Begle, Elba Corral de Simson*.
A los queridos estudiantes, por el aporte de las magníficas fotos.
A Alvaro
Vergara, del Restaurante Casa & Jardín en el Balneario Santa Ana,
por la excelente atención que siempre nos dispensa.
*La nota sobre el
parque de Elba Corral irá
aparte.

In
Memoriam: Renée Dalmás de Davyt.
En
el invierno del 2005, los jardines de la Colonia Valdense perdieron a
una de sus más destacadas flores.
Vivía
para su jardín, conocía en profundidad cada rincón del mismo, cada
planta. Las
puertas siempre estuvieron abiertas
para quienes quisieran recibir sus
sabios consejos.
Desde
la ruta 1, las imágenes de aquella esquina de la calle Talmon ya nunca
serán las mismas.
Estudiantes
y docentes de jardinería llevarán por siempre su recuerdo en el
corazón.
Diciembre
2004
Revisión: Diciembre 2007
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